miércoles, 29 de junio de 2011

Tal vez

La mano ensangrentada golpeó los azulejos blancos nuclear y comenzó a deslizarse lentamente. Las gotas de sangre se difuminaban al caer al agua que llenaba el fondo de la bañera. El dolor se apoderó de ella y sintió como si le estuvieran retorciendo las entrañas. Tuvo que apoyarse en la pared para resistirlo.

Había seguido las instrucciones que su amiga le había dado al pie de la letra. Esterilizó la aguja dos veces con agua hirviendo para evitar cualquier infección y pensó que hacerlo todo en el baño sería mucho más fácil, higiénico y se limpiaría mejor que colocar una toalla en el suelo. También ella se aseó bien antes de introducirse la aguja de tejer por la vagina, pero lo cierto es que pese a todas las precauciones, no paraba de sangrar. El agua se había vuelto roja. Pensó en la conversión del agua en vino y no pudo evitar esbozar una absurda sonrisa.

Decidió sentarse en la bañera. Estaba demasiado cansada para seguir de pie. La sangre aguada la cubría casi hasta la cintara. Comenzó a llorar en silencio y empezó a tener mucho sueño. Sólo cerraría los ojos durante un instante y después se levantaría. Ya casi no le dolía, seguro que también había dejado de sangrar. Se acarició la barriga, como otras tantas veces. Y pensó por un instante que tal vez, sólo tal vez, no había sido una buena idea el querer acabar con ese embarazo.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Hombres de barro

Se giró sobre su costado y apoyó su cabeza sobre la mano derecha. Le contempló en toda su desnudez y se preguntó por qué le había vuelto a dejar entrar en su casa y en su vida. Se dio asco a sí misma. Empezó a concentrar todo su odio sobre él en un intento en vano de hacerle desaparecer y que se llevara con él todo el daño que le había hecho.

Se incorporó con suavidad para no despertarle y sintió el frío recorriendo su cuerpo. Era un frío que se había adherido a ella como si siempre hubiese estado ahí. Puede que él lo trajera consigo y se lo introdujera dentro para que jamás olvidara esa sensación que sólo él era capaz de producirle. Se cubrió con una fina bata y se sentó en el sillón frente a la cama. Volvió a odiarse y apretó fuerte los ojos para que todas sus fuerzas le destruyeran.

Se levantó asqueada y algo superior a todo lo que había sentido a lo largo de su existencia se apoderó de ella. Sin darse cuenta, arrancó el teléfono y lo tiró con todas sus fuerzas sobre él. Se despertó sobresaltado, pensando que el techo se le caía encima o algo similar. No fue capaz de reaccionar cuando ella se abalanzó sobre él.

Sus manos se aferraron fuertes a su cuello y sus piernas empezaron a apretarle las costillas como si de un cascanueces se tratara. La golpeaba sin cesar en su semidesnudez, pero no servía de nada. Ella veía su cara enrojecer y apretaba con más fuerza. No sentía los golpes sobre ella. Hacía mucho tiempo que había dejado de sentirlos. No era capaz de amar ni de odiar de verdad a nadie más que a él.

Su cuerpo se fue aflojando hasta convertirse en una masa inerte bajo ella. Sus manos fueron soltándose poco a poco y se levantó. Se vistió lentamente y volvió al sillón desde el que le había estado contemplando. Fumó un cigarro tras otro esperando a que llegara la policía.

Cuando le pusieron las esposas y la llevaron hacia la puerta, se giró lentamente sobre ella para contemplar el cuerpo sin vida sobre la cama. Volvió su rostro hacia el policía que la cogía fuertemente del brazo y le dijo: "Al final no era más que un hombre. Sólo eso".

viernes, 22 de abril de 2011

Noches urbanas

Le gustaba caminar de noche. Recorrer la ciudad en esas horas en las que los trabajadores ya han vuelto a casa y los trasnochadores aún no han salido. Las calles estaban prácticamente vacías y ella se sentía sola, muy sola en esa inmensidad de la urbe.

Andaba sin rumbo fijo y observaba a los pocos transeúntes que se cruzaban en su camino. Las luces de los escaparates le atraían y a veces levantaba la vista al cielo en busca de las escasas estrellas que conseguían superponerse a las luces artificiales de la ciudad. Entonces, sin motivo aparente, las lágrimas comenzaba a nacer tímidamente en sus ojos y ella las tragaba con fuerza, como si de cristales rotos se trataran.

Podía caminar hasta que le dolían las rodillas y sentía los pies hinchados, indicándole que era el momento de volver a casa. Cuando ya le quedaba poco para regresar al calor hogareño, el cansancio acumulado caía sobre ella y sentía que iba a derrumbarse de un momento a otro. En el instante en el que el llanto la iba a desbordar, soplaba siempre un fuerte viento que parecía querer atravesarla para arrancarle esa terrible enfermedad que la estaba comiendo por dentro. Y en ese preciso instante desaparecía la soledad y sólo podía alegrarse de estar allí. Dar gracias porque aún estaba viva.

jueves, 31 de marzo de 2011

Mi filmoteca particular: Adam

Adam es un chico demasiado tímido que vive solo. Le gusta comer macarrones con queso, es lo único que toma. Es inteligente, demasiado. Pero su mayor defecto o virtud, según se mire, es que dice lo que piensa, sin reparar en que pueda incomodar a los demás y es capaz de recordar datos poco habituales sobre cualquier tema. Tampoco puede comprender los sentimientos de los demás. Sufre el síndrome de asperger.

La película "Adam" trata esta enfermedad desde el punto de vista más humano que puede existir: el amor. Las dificultades de mantener una relación con una persona que no puede expresar lo que siente ni sabe interpretar los sentimientos de los demás. Hugh Dancy se enfrentó con el reto de interpretar al protagonista de esta historia y bordó el papel. Puede que Hollywood ya le haya asignado el rol de chico guapo que debe protagonizar comedias románticas como "Confesiones de una compradora compulsiva", pero en este caso demostró que tiene mucho más que ofrecer. Rose Byrne fue la actriz escogida para hacer de la nueva vecina de Adam, el cual llamó su atención sin saber nada sobre su enfermedad. Esta actriz ha hecho teatro, televisión y cine (algunos pueden haberla visto en "Troya"). El complejo personaje que desarrolla en la serie "Damages" le confirió el premio AFI Award y varias nominaciones a los Emmy y los Globos de Oro.

Jamás oí hablar de esta película cuando fue estrenada en España, pero la recomiendo sin lugar a dudas, no sólo por la historia en sí misma, si no porque las actuaciones son excelentes y te permiten tomar consciencia de una enfermedad que afecta a muchas personas. "Adam" es una historia llena de complicaciones, momentos tiernos y un halo de esperanza cuando todo parece perdido.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Devuélveme todo lo que te has llevado

Aún podía sentir los surcos de las lágrimas sobre su piel. Tenía la misma sensación que un niño después de una barraquera cuando no recuerda por qué estaba llorando. No iba a lavarse la cara, al igual que el soldado no limpia los restos de sangre de su ropa para recordar lo ganado en la batalla y todo lo que ha perdido.

Se acercó lentamente a la mesa y observó los despojos de la noche anterior. La botella volcada había empapado todos los papeles. Cogió con cuidado uno de ellos porque temía que se deshiciera. Entre las palabras emborronadas pudo leer: "Mis lágrimas no saben a nada, porque hasta la sal de mi cuerpo te has llevado". Esbozó una media sonrisa, mezcla de tristeza y alegría.

Comenzó a mover sus dedos, mientras el papel se desmenuzaba y llovían pedacitos blancos que caían al suelo. Había decidido poner fin al luto que ella misma se había impuesto.

martes, 15 de febrero de 2011

Hablemos de religión: No habrá otro remedio que creer de nuevo en Dios

La idea de Dios ha cambiado a lo largo del tiempo y ha dado lugar a cientos de religiones que han defendido diferentes posturas en relación con la fe y con todos los temas habidos y por haber. Sin embargo, el poder siempre ha estado concentrado en unas pocas.

La cristiana ha sido una de las que mayor número de fieles ha tenido durante muchos años. Hoy en día sigue creciendo en ciertos países, pero ha perdido protagonismo en muchos otros. El Islam se ha convertido en un fuerte rival para ella debido a la inmigración de ciudadanos de países que tienen esta religión como oficial. Las posturas son para todos los gustos en relación a este tema. Algunos ven una especie de "invasión" porque las familias musulmanas tienen muchos hijos. Lo cierto es que las cristianas también los tuvieron en su día pero han disminuido notablemente (con algunas excepciones en las vertientes más tradicionales que siguen a raja tabla la prohibición del uso de anticonceptivos).

Europa está perdiendo su fe, al menos, en la religión cristiana. Los datos aportados por la propia Iglesia Católica así lo demuestran. Tampoco podemos olvidar el hecho de que, por tradición, muchas personas son bautizadas y después no ejercen la fe y salirse de esta religión es casi imposible. En todo caso, no pretendo divagar sobre las confesiones religiosas, lo que quiero es tratar un tema que veo cada día entre las personas que me rodean. Me refiero a la ausencia de fe o de supuesta fe.

En nuestro país, los jóvenes no suelen frecuentar las iglesias ni hablar sobre sus creencias, en caso de tenerlas. A ello hay que añadir el hecho de que en España todo es objeto de broma y la religión no se salva de ello. Somos un Estado laico aunque la Constitución no quiso decirlo abiertamente y ello es usado por ciertas personas como argumento para acabar con todo tipo de elemento religioso que nos pueda rodear. Pueden ser las cruces de los colegios, el velo de una niña... En verdad no importa cuál sea la religión. Eso sí, nos volvemos todos muy laicos y olvidamos que el Estado también está obligado a colaborar con las religiones en función de las necesidades religiosas de la población. Pero, ¿estamos necesitados de religión?

Son miles los argumentos a favor y en contra de la misma, pero lo cierto es que cada vez oigo a más gente que dice que Dios no existe, que cada uno escribe su destino y no hay nada que hacer. No puedo evitar sonreír al escucharles, porque sé que mienten. No me refiero a que esté segura de que hay un todopoderoso o como queráis llamarlo, digo que mienten porque ellos no están seguros de esa inexistencia. Todos, absolutamente todos rezan o lo han hecho cuando han tenido un problema. Juntan las manos y miran hacia el cielo y dicen: "Por favor, ayúdame". O cualquier otra fórmula similar, en la que se suele omitir el nombre de la persona a la que dirigen para no reconocer que están manifestando una creencia que proclaman no tener.


Entonces esperan que se abra la caja de los deseos y se les conceda lo que han pedido. Algunos tendrán esa suerte y puede que se conviertan en creyentes para toda su vida. La mayoría dará las gracias unos pocos días y después lo olvidarán hasta que vuelvan a necesitar un "milagro". Pero, ¿qué pasa con los que no consiguieron lo que querían? ¿Sus plegarias no han sido oídas? O, ¿sólo fueron desatendidas? Lo cierto es que no importa la respuesta, porque para ellos sólo será una razón más para defender la inexistencia de Dios, para mentirse a sí mismos como si nunca hubiesen acudido a él desesperadamente. Se engañarán como si no hubiesen creído en él por un instante. Un instante en el que manifestaron una fe que no sabían que tenían.

jueves, 23 de diciembre de 2010

Hola, soy Carmen: Feliz Navidad

Los que me conocen bien, saben que me encanta la Navidad. Siempre ha sido para mí una fiesta muy familiar para estar en casa y ver a los amigos de toda la vida. Si a ello sumamos que soy bastante consumista y me da la excusa perfecta para comprar regalos y que me los hagan a mí también, pues no es de extrañar que sea mi época favorita.

Este año va a ser un poco diferente a los anteriores porque no voy a compartir estas fechas como me gustaría con una persona muy especial para mí. De las últimas Navidades que he pasado, recuerdo con especial cariño la de 2007, cuando recibí por primera y única vez mis regalos haciendo una gincana con pistas a veces demasiado complicadas y más porque veníamos de copas. También sacrificó ese año la Nochevieja con sus amigos por pasarla conmigo. Un favor que nunca le he devuelto. En fin, que sólo quería agradecerle que, a pesar de que él odia estas fiestas, siempre ha aportado su granito de arena para hacerlas más especiales para mí.

Sin embargo, tengo la gran suerte de pasar estos días con las personas más importante de mi vida: mi familia. Preparar la cena juntos y pelearnos porque siempre cenamos demasiado tarde, se ha convertido en una tradición. Siempre he envidiado un poco las enormes cenas familiares que Hollywood nos vende por acción de gracias. La mía se reduce a mis padres y mi hermana y la verdad es que me bastan y me sobran.

Mis amigos siempre han salido el día de Nochebuena después de la cena. Asombrosamente, yo nunca me lo he planteado, a pesar de lo que me gusta salir. Mi Navidad se caracteriza por un "¡Jo, jo, joooo! que me indica que los regalos están puestos bajo el árbol, las fotos abriendo los regalos y jugar al trivial o algo similar mientras mi padre da cabezadas en el sillón y a duras penas consigo que responda a las preguntas. Y se convierte en una de las mejores noches del año, sin sentir ninguna envidia al día siguiente cuando oigo las historias de mis amigos que salieron. Fotos censuradas tras las campanadas, llamadas a gritos para felicitar el año y ver que mi hermana se ha comido las 12 uvas cuando aún vamos por la novena son cosas que espero que tarden mucho en desaparecer aunque, por desgracia, un día lo harán.

Así que sólo he escrito esta entrada tan sentimental, y que tan poco gustará a los que piensan que la Navidad es absurda o una fiesta comercial o tienen la desgracia de no poder pasarla con personas que ya no están, para felicitar a todos la Navidad y la entrada de año. Espero que sean unas fechas inolvidables y que seáis capaces de quedaros con las cosas buenas o recordar las que tuvisteis en algún momento. ¡Felices Fiestas!