lunes, 5 de septiembre de 2011

¿Casualidad?

Marcos sintió una gota de lluvia sobre su mejilla. Le pareció muy extraño porque todo el día había hecho un tiempo excelente e incluso ahora, pese a la velocidad, podía observar las estrellas lucir en el cielo despejado. Pensó que tal vez era la señal que estaba buscando desde hacía mucho tiempo para declararse a Sonia, su mejor amiga. Estaba enamorado de ella desde el instante mismo en que se agachó para recoger un papel que se le había caído y la sonrisa más bonita del mundo le deslumbró. Sí, seguro que era el milagro que esperaba para decidirse.

Lo que Marcos no sabía era que no se trataba de una gota de lluvia, si no de una lágrima de Lucía, la chica que iba delante de él en la montaña rusa. El fuerte viento le había hecho llorar y algunas de sus lágrimas llegaron hasta Marcos, mientras otras se perdieron en la inmensidad de los loopings.

Así que no hubo ningún milagro o, ¿tal vez sí? Una casualidad hizo que Marcos se armara del valor que le faltaba para tomar una decisión que cambiaría su vida en un sentido u otro. Puede que los milagros sean el resultado de sucesos aleatorios unidos a una esperanza que nos da el valor que a veces nos falta. O puede que sólo sean lágrimas que parecen gotas de lluvia.

miércoles, 20 de julio de 2011

Palabras para la posteridad

Báilame el agua.
Úntame de amor y otras fragancias de su jardín secreto.
Riégame de especias que dejen mi vida impregnada de tu olor.
Sácame de quicio.
Llévame a pasear atado con una correa que apriete demasiado.
Hazme sufrir.
Aviva las ascuas.
Ponme a secar como un trapo mojado.
No desates las cuerdas hasta que sea tarde.
Sírveme un vaso de agua ardiente y bendita que me queme por dentro, que no sea tuya ni mía, que sea de todos.
Líbrame de mi estigma.
Llámame tonto.
Sacrifica tu aureola.
Perdóname.
Olvida todo lo que haya podido decir hasta ahora.
No me arrastres.
No me asustes.
Vete lejos.
Pero no sueltes mi mano.
Empecemos de nuevo.
Sangra mi labio con sanguijuelas de colores.
Fuma un cigarro para mí.
Traga el humo.
Arréglalo y que no vuelva a estropearse.
Échalo fuera.
Crúzate conmigo en una autopista a cien por hora.
Sueña retorcido.
Sueña feliz, que yo me encargaré de tus enemigos.
Dame la llave de tus oídos.
Toca mis ojos abiertos.
Nota la textura del calor.
Hasta reventar.
Sé yo mismo y no te arrepentirás.
¿Por cuánto te vendes? Regálame a tus ídolos.
Yo te enviaré a los míos.
Píllate los dedos.
Los lameré hasta que no sepan a miel.Hasta que no dejen de ser miel.
Sal, niega todo y después vuelve
Te invito a un café.
Caliente claro.
Y sin azucar. Sin aliento.

Daniel Valdés

viernes, 1 de julio de 2011

Almas gemelas

Afrodita contemplaba su obra y se sentía satisfecha del amor que había conseguido crear entre las distintas parejas que paseaban alegres de la mano. Sus risas llenaban el aire y todo parecía demasiado perfecto para ser verdad. Pero no todos eran felices.

Hades creía enloquecer cada vez que escuchaba los absurdos suspiros de amor que parecían llegar de todas partes. Él, que jamás sería amado de verdad porque ninguna diosa querría morar en su inframundo, odiaba el amor y todo lo que éste representaba. Decidió salir a pasear y mató a todas las parejas felices que encontró a su paso. Partió sus corazones en dos para que nunca más pudiera el amor habitar en ellos.

La sangre derramada llegó hasta los pies de Afrodita, que sólo tuvo que seguir el rastro hasta descubrir la tragedia. Acudió desesperada y llorosa a Zeus para que arreglara el desastre que Hades había provocado. Él no supo qué hacer, pero prometió que lo averiguaría.

Trabajó día y noche entre las nubes de su reino, con incesantes rayos que demostraban su enfado hacia su hermano. Por fin terminó su obra y salió en busca de Afrodita, que lloraba en silencio junto a los cuerpos sin vida. Zeus le entregó una caja llena de corazones más pequeños de lo habitual y le dijo: "Es lo único que he podido hacer. De cada corazón he obtenido dos igualmente perfectos y capaces de funcionar por sí mismo, pero son incompletos. Estarán condenados toda su vida a buscar la otra parte".

Afrodita le besó con suavidad en la mejilla y esbozó una radiante sonrisa. "Gracias. Voy a colocarlos ahora mismo. Acabas de crear una nueva forma de amar". Y se marchó tarareando una canción mientras contemplaba el interior de la caja, sabiendo que acababan de nacer "las almas gemelas".

miércoles, 29 de junio de 2011

Tal vez

La mano ensangrentada golpeó los azulejos blancos nuclear y comenzó a deslizarse lentamente. Las gotas de sangre se difuminaban al caer al agua que llenaba el fondo de la bañera. El dolor se apoderó de ella y sintió como si le estuvieran retorciendo las entrañas. Tuvo que apoyarse en la pared para resistirlo.

Había seguido las instrucciones que su amiga le había dado al pie de la letra. Esterilizó la aguja dos veces con agua hirviendo para evitar cualquier infección y pensó que hacerlo todo en el baño sería mucho más fácil, higiénico y se limpiaría mejor que colocar una toalla en el suelo. También ella se aseó bien antes de introducirse la aguja de tejer por la vagina, pero lo cierto es que pese a todas las precauciones, no paraba de sangrar. El agua se había vuelto roja. Pensó en la conversión del agua en vino y no pudo evitar esbozar una absurda sonrisa.

Decidió sentarse en la bañera. Estaba demasiado cansada para seguir de pie. La sangre aguada la cubría casi hasta la cintara. Comenzó a llorar en silencio y empezó a tener mucho sueño. Sólo cerraría los ojos durante un instante y después se levantaría. Ya casi no le dolía, seguro que también había dejado de sangrar. Se acarició la barriga, como otras tantas veces. Y pensó por un instante que tal vez, sólo tal vez, no había sido una buena idea el querer acabar con ese embarazo.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Hombres de barro

Se giró sobre su costado y apoyó su cabeza sobre la mano derecha. Le contempló en toda su desnudez y se preguntó por qué le había vuelto a dejar entrar en su casa y en su vida. Se dio asco a sí misma. Empezó a concentrar todo su odio sobre él en un intento en vano de hacerle desaparecer y que se llevara con él todo el daño que le había hecho.

Se incorporó con suavidad para no despertarle y sintió el frío recorriendo su cuerpo. Era un frío que se había adherido a ella como si siempre hubiese estado ahí. Puede que él lo trajera consigo y se lo introdujera dentro para que jamás olvidara esa sensación que sólo él era capaz de producirle. Se cubrió con una fina bata y se sentó en el sillón frente a la cama. Volvió a odiarse y apretó fuerte los ojos para que todas sus fuerzas le destruyeran.

Se levantó asqueada y algo superior a todo lo que había sentido a lo largo de su existencia se apoderó de ella. Sin darse cuenta, arrancó el teléfono y lo tiró con todas sus fuerzas sobre él. Se despertó sobresaltado, pensando que el techo se le caía encima o algo similar. No fue capaz de reaccionar cuando ella se abalanzó sobre él.

Sus manos se aferraron fuertes a su cuello y sus piernas empezaron a apretarle las costillas como si de un cascanueces se tratara. La golpeaba sin cesar en su semidesnudez, pero no servía de nada. Ella veía su cara enrojecer y apretaba con más fuerza. No sentía los golpes sobre ella. Hacía mucho tiempo que había dejado de sentirlos. No era capaz de amar ni de odiar de verdad a nadie más que a él.

Su cuerpo se fue aflojando hasta convertirse en una masa inerte bajo ella. Sus manos fueron soltándose poco a poco y se levantó. Se vistió lentamente y volvió al sillón desde el que le había estado contemplando. Fumó un cigarro tras otro esperando a que llegara la policía.

Cuando le pusieron las esposas y la llevaron hacia la puerta, se giró lentamente sobre ella para contemplar el cuerpo sin vida sobre la cama. Volvió su rostro hacia el policía que la cogía fuertemente del brazo y le dijo: "Al final no era más que un hombre. Sólo eso".

viernes, 22 de abril de 2011

Noches urbanas

Le gustaba caminar de noche. Recorrer la ciudad en esas horas en las que los trabajadores ya han vuelto a casa y los trasnochadores aún no han salido. Las calles estaban prácticamente vacías y ella se sentía sola, muy sola en esa inmensidad de la urbe.

Andaba sin rumbo fijo y observaba a los pocos transeúntes que se cruzaban en su camino. Las luces de los escaparates le atraían y a veces levantaba la vista al cielo en busca de las escasas estrellas que conseguían superponerse a las luces artificiales de la ciudad. Entonces, sin motivo aparente, las lágrimas comenzaba a nacer tímidamente en sus ojos y ella las tragaba con fuerza, como si de cristales rotos se trataran.

Podía caminar hasta que le dolían las rodillas y sentía los pies hinchados, indicándole que era el momento de volver a casa. Cuando ya le quedaba poco para regresar al calor hogareño, el cansancio acumulado caía sobre ella y sentía que iba a derrumbarse de un momento a otro. En el instante en el que el llanto la iba a desbordar, soplaba siempre un fuerte viento que parecía querer atravesarla para arrancarle esa terrible enfermedad que la estaba comiendo por dentro. Y en ese preciso instante desaparecía la soledad y sólo podía alegrarse de estar allí. Dar gracias porque aún estaba viva.

jueves, 31 de marzo de 2011

Mi filmoteca particular: Adam

Adam es un chico demasiado tímido que vive solo. Le gusta comer macarrones con queso, es lo único que toma. Es inteligente, demasiado. Pero su mayor defecto o virtud, según se mire, es que dice lo que piensa, sin reparar en que pueda incomodar a los demás y es capaz de recordar datos poco habituales sobre cualquier tema. Tampoco puede comprender los sentimientos de los demás. Sufre el síndrome de asperger.

La película "Adam" trata esta enfermedad desde el punto de vista más humano que puede existir: el amor. Las dificultades de mantener una relación con una persona que no puede expresar lo que siente ni sabe interpretar los sentimientos de los demás. Hugh Dancy se enfrentó con el reto de interpretar al protagonista de esta historia y bordó el papel. Puede que Hollywood ya le haya asignado el rol de chico guapo que debe protagonizar comedias románticas como "Confesiones de una compradora compulsiva", pero en este caso demostró que tiene mucho más que ofrecer. Rose Byrne fue la actriz escogida para hacer de la nueva vecina de Adam, el cual llamó su atención sin saber nada sobre su enfermedad. Esta actriz ha hecho teatro, televisión y cine (algunos pueden haberla visto en "Troya"). El complejo personaje que desarrolla en la serie "Damages" le confirió el premio AFI Award y varias nominaciones a los Emmy y los Globos de Oro.

Jamás oí hablar de esta película cuando fue estrenada en España, pero la recomiendo sin lugar a dudas, no sólo por la historia en sí misma, si no porque las actuaciones son excelentes y te permiten tomar consciencia de una enfermedad que afecta a muchas personas. "Adam" es una historia llena de complicaciones, momentos tiernos y un halo de esperanza cuando todo parece perdido.