jueves, 31 de marzo de 2011

Mi filmoteca particular: Adam

Adam es un chico demasiado tímido que vive solo. Le gusta comer macarrones con queso, es lo único que toma. Es inteligente, demasiado. Pero su mayor defecto o virtud, según se mire, es que dice lo que piensa, sin reparar en que pueda incomodar a los demás y es capaz de recordar datos poco habituales sobre cualquier tema. Tampoco puede comprender los sentimientos de los demás. Sufre el síndrome de asperger.

La película "Adam" trata esta enfermedad desde el punto de vista más humano que puede existir: el amor. Las dificultades de mantener una relación con una persona que no puede expresar lo que siente ni sabe interpretar los sentimientos de los demás. Hugh Dancy se enfrentó con el reto de interpretar al protagonista de esta historia y bordó el papel. Puede que Hollywood ya le haya asignado el rol de chico guapo que debe protagonizar comedias románticas como "Confesiones de una compradora compulsiva", pero en este caso demostró que tiene mucho más que ofrecer. Rose Byrne fue la actriz escogida para hacer de la nueva vecina de Adam, el cual llamó su atención sin saber nada sobre su enfermedad. Esta actriz ha hecho teatro, televisión y cine (algunos pueden haberla visto en "Troya"). El complejo personaje que desarrolla en la serie "Damages" le confirió el premio AFI Award y varias nominaciones a los Emmy y los Globos de Oro.

Jamás oí hablar de esta película cuando fue estrenada en España, pero la recomiendo sin lugar a dudas, no sólo por la historia en sí misma, si no porque las actuaciones son excelentes y te permiten tomar consciencia de una enfermedad que afecta a muchas personas. "Adam" es una historia llena de complicaciones, momentos tiernos y un halo de esperanza cuando todo parece perdido.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Devuélveme todo lo que te has llevado

Aún podía sentir los surcos de las lágrimas sobre su piel. Tenía la misma sensación que un niño después de una barraquera cuando no recuerda por qué estaba llorando. No iba a lavarse la cara, al igual que el soldado no limpia los restos de sangre de su ropa para recordar lo ganado en la batalla y todo lo que ha perdido.

Se acercó lentamente a la mesa y observó los despojos de la noche anterior. La botella volcada había empapado todos los papeles. Cogió con cuidado uno de ellos porque temía que se deshiciera. Entre las palabras emborronadas pudo leer: "Mis lágrimas no saben a nada, porque hasta la sal de mi cuerpo te has llevado". Esbozó una media sonrisa, mezcla de tristeza y alegría.

Comenzó a mover sus dedos, mientras el papel se desmenuzaba y llovían pedacitos blancos que caían al suelo. Había decidido poner fin al luto que ella misma se había impuesto.

martes, 15 de febrero de 2011

Hablemos de religión: No habrá otro remedio que creer de nuevo en Dios

La idea de Dios ha cambiado a lo largo del tiempo y ha dado lugar a cientos de religiones que han defendido diferentes posturas en relación con la fe y con todos los temas habidos y por haber. Sin embargo, el poder siempre ha estado concentrado en unas pocas.

La cristiana ha sido una de las que mayor número de fieles ha tenido durante muchos años. Hoy en día sigue creciendo en ciertos países, pero ha perdido protagonismo en muchos otros. El Islam se ha convertido en un fuerte rival para ella debido a la inmigración de ciudadanos de países que tienen esta religión como oficial. Las posturas son para todos los gustos en relación a este tema. Algunos ven una especie de "invasión" porque las familias musulmanas tienen muchos hijos. Lo cierto es que las cristianas también los tuvieron en su día pero han disminuido notablemente (con algunas excepciones en las vertientes más tradicionales que siguen a raja tabla la prohibición del uso de anticonceptivos).

Europa está perdiendo su fe, al menos, en la religión cristiana. Los datos aportados por la propia Iglesia Católica así lo demuestran. Tampoco podemos olvidar el hecho de que, por tradición, muchas personas son bautizadas y después no ejercen la fe y salirse de esta religión es casi imposible. En todo caso, no pretendo divagar sobre las confesiones religiosas, lo que quiero es tratar un tema que veo cada día entre las personas que me rodean. Me refiero a la ausencia de fe o de supuesta fe.

En nuestro país, los jóvenes no suelen frecuentar las iglesias ni hablar sobre sus creencias, en caso de tenerlas. A ello hay que añadir el hecho de que en España todo es objeto de broma y la religión no se salva de ello. Somos un Estado laico aunque la Constitución no quiso decirlo abiertamente y ello es usado por ciertas personas como argumento para acabar con todo tipo de elemento religioso que nos pueda rodear. Pueden ser las cruces de los colegios, el velo de una niña... En verdad no importa cuál sea la religión. Eso sí, nos volvemos todos muy laicos y olvidamos que el Estado también está obligado a colaborar con las religiones en función de las necesidades religiosas de la población. Pero, ¿estamos necesitados de religión?

Son miles los argumentos a favor y en contra de la misma, pero lo cierto es que cada vez oigo a más gente que dice que Dios no existe, que cada uno escribe su destino y no hay nada que hacer. No puedo evitar sonreír al escucharles, porque sé que mienten. No me refiero a que esté segura de que hay un todopoderoso o como queráis llamarlo, digo que mienten porque ellos no están seguros de esa inexistencia. Todos, absolutamente todos rezan o lo han hecho cuando han tenido un problema. Juntan las manos y miran hacia el cielo y dicen: "Por favor, ayúdame". O cualquier otra fórmula similar, en la que se suele omitir el nombre de la persona a la que dirigen para no reconocer que están manifestando una creencia que proclaman no tener.


Entonces esperan que se abra la caja de los deseos y se les conceda lo que han pedido. Algunos tendrán esa suerte y puede que se conviertan en creyentes para toda su vida. La mayoría dará las gracias unos pocos días y después lo olvidarán hasta que vuelvan a necesitar un "milagro". Pero, ¿qué pasa con los que no consiguieron lo que querían? ¿Sus plegarias no han sido oídas? O, ¿sólo fueron desatendidas? Lo cierto es que no importa la respuesta, porque para ellos sólo será una razón más para defender la inexistencia de Dios, para mentirse a sí mismos como si nunca hubiesen acudido a él desesperadamente. Se engañarán como si no hubiesen creído en él por un instante. Un instante en el que manifestaron una fe que no sabían que tenían.

jueves, 23 de diciembre de 2010

Hola, soy Carmen: Feliz Navidad

Los que me conocen bien, saben que me encanta la Navidad. Siempre ha sido para mí una fiesta muy familiar para estar en casa y ver a los amigos de toda la vida. Si a ello sumamos que soy bastante consumista y me da la excusa perfecta para comprar regalos y que me los hagan a mí también, pues no es de extrañar que sea mi época favorita.

Este año va a ser un poco diferente a los anteriores porque no voy a compartir estas fechas como me gustaría con una persona muy especial para mí. De las últimas Navidades que he pasado, recuerdo con especial cariño la de 2007, cuando recibí por primera y única vez mis regalos haciendo una gincana con pistas a veces demasiado complicadas y más porque veníamos de copas. También sacrificó ese año la Nochevieja con sus amigos por pasarla conmigo. Un favor que nunca le he devuelto. En fin, que sólo quería agradecerle que, a pesar de que él odia estas fiestas, siempre ha aportado su granito de arena para hacerlas más especiales para mí.

Sin embargo, tengo la gran suerte de pasar estos días con las personas más importante de mi vida: mi familia. Preparar la cena juntos y pelearnos porque siempre cenamos demasiado tarde, se ha convertido en una tradición. Siempre he envidiado un poco las enormes cenas familiares que Hollywood nos vende por acción de gracias. La mía se reduce a mis padres y mi hermana y la verdad es que me bastan y me sobran.

Mis amigos siempre han salido el día de Nochebuena después de la cena. Asombrosamente, yo nunca me lo he planteado, a pesar de lo que me gusta salir. Mi Navidad se caracteriza por un "¡Jo, jo, joooo! que me indica que los regalos están puestos bajo el árbol, las fotos abriendo los regalos y jugar al trivial o algo similar mientras mi padre da cabezadas en el sillón y a duras penas consigo que responda a las preguntas. Y se convierte en una de las mejores noches del año, sin sentir ninguna envidia al día siguiente cuando oigo las historias de mis amigos que salieron. Fotos censuradas tras las campanadas, llamadas a gritos para felicitar el año y ver que mi hermana se ha comido las 12 uvas cuando aún vamos por la novena son cosas que espero que tarden mucho en desaparecer aunque, por desgracia, un día lo harán.

Así que sólo he escrito esta entrada tan sentimental, y que tan poco gustará a los que piensan que la Navidad es absurda o una fiesta comercial o tienen la desgracia de no poder pasarla con personas que ya no están, para felicitar a todos la Navidad y la entrada de año. Espero que sean unas fechas inolvidables y que seáis capaces de quedaros con las cosas buenas o recordar las que tuvisteis en algún momento. ¡Felices Fiestas!

jueves, 25 de noviembre de 2010

Diario de un niño muerto

Hoy mamá se ha puesto a llorar porque papá la ha acusado de vaga e incompetente, pero ella se ha repuesto después de un tiempo de amargura y ha seguido haciendo las cosas de casa y ocupándose de papá como siempre. ¿Acaso papá no entiende que mamá se cansa más porque tiene que tirar de los dos? A pesar de todo el cansancio acumulado durante la larga jornada, mamá siempre tiene tiempo para tumbarse y acariciarme, sintiendo cómo su barriga crece y yo con ella.

Hoy papá y mamá han ido a ver a la doctora y se han alegrado mucho al saber que soy un niño. La verdad es que no sé si les hubiese importado que no lo fuera, pero tampoco me he preocupado mucho por ello. Papá ha llevado a mamá a tomar un helado para celebrarlo y no ha parado de mimarla y acariciarme. Por fin he notado a mamá feliz y tranquila. Espero que esta calma dure mucho tiempo porque no quiero que mamá llore más.

Hoy el tiempo de paz se ha roto. Después de algo más de un mes sin peleas, pero con un cierto declive de cariño desde que fuimos a ver a la doctora, papá ha explotado. Se enfadó porque mamá tardó mucho en ponerle la cena, porque estaba haciendo unos ejercicios para mi correcto desarrollo, y papá llegaba tarde al trabajo. Así que, tras la espera y ver que, además, no le gustaba la comida, decidió tirarle el plato a mamá. Menos mal que mamá tiene buenos reflejos y consiguió esquivarlo, pero no pudo librarse de los gritos y de los insultos, que la llevaron a encerrarse en el cuarto de baño. Papá debió de olvidar que llegaba tarde, porque no le importó aporrear la puerta para que mamá abriera mientras continuaba insultándola. Por fin se fue, pero mamá continuó mucho tiempo llorando dentro de la bañera, y yo con ella, porque su pena es mi pena.

Hoy papá ha vuelto a las andadas. Al llegar a casa ha encontrado a mamá hablando por teléfono y no ha sido capaz de pedirle por cuarta vez que colgase el teléfono, porque para él es más fácil utilizar la ley del más fuerte. Así que, tras pedírselo amablemente la primera vez, la segunda ya ha empleado su tono rudo y la tercera ha decidido gritar. A mamá no le ha dado tiempo de darse cuenta de lo que le venía encima, ya que papá, en vez de pedirle una vez más que colgase, ha optado por arrancar el teléfono y gritar. No sé por qué, pero mamá decidió plantarle cara y le dijo que estaba loco. No creo que vuelva a hacer alarde de valor, porque ese comentario le costó un golpe con el auricular en la cabeza, un empujón que nos hizo caer al suelo y, una vez allí, un bofetón. Por suerte, la amiga de mamá llegó a casa temiéndose que algo malo había pasado y cuando llamó a la puerta, papá se tranquilizó en cierto modo, abrió y se fue.

Al llegar la noche, regresó con regalos, disculpas y promesas de cambiar. ¿Mamá no sabe que las promesas están para romperlas? Por lo menos en el caso de papá. Me he enfadado mucho con mamá por aceptar todo lo que papá le ofrecía, pero imagino que ella pensará que es lo mejor para todos, lo mejor para mí.

Hoy mamá me ha demostrado que yo tenía razón. Papá se ha vuelto loco buscando por toda la casa unos papeles para el trabajo y cuando le ha preguntado a ésta, ella le contestó que pensaba que no servían y que los había tirado a la basura. La reacción de papá ha sido rápida: la ha cogido por el pelo y la ha empujado hasta el pasillo, mientras la llevaba arrastrando del pelo hacia la cocina. Una vez allí, papá la ha tirado al suelo y ha metido la cabeza de mamá en el cubo de basura. Yo tenía mucho miedo, porque mi casa, la barriga de mamá, no paraba de temblar como si se fuera a venir abajo. Mientras, papá le chillaba a mamá que buscara los papeles en la basura y mamá obedeció, acordándose de lo que ocurrió la otra vez. Me sentía impotente, con ganas de gritarle a papá y de exigirle que parase, pero a mí nadie me oía. Por fin, mamá encontró los papeles y pensé que todo iba a acabar ahí, pero papá vio que los papeles estaban manchados y golpeó la cabeza de mamá contra el suelo. Después comenzó a pegarle patadas en la espalda y, a pesar de que mamá estaba algo aturdida por el golpe en la cabeza, no paraba de cubrirse la barriga por si alguna patada era recibida por mí. En un breve descanso de la paliza, mamá se arrastró por el suelo intentando huir, pero papá la golpeó de nuevo y su barriga dio contra la esquina de la puerta. Todo se volvió negro.

Cuando volví en mí, me di cuenta de que estábamos en el hospital y que el doctor no paraba de preguntar a mamá qué le había pasado, mientras ella sólo lloraba en silencio y mi padre inventaba excusas que nadie creía. El resultado de la paliza fue que mamá tenía que pasar el resto del embarazo en absoluto reposo... y mi total odio hacia papá.

Hoy papá ha vuelto a perder los nervios porque mamá se pasa todo el día tumbada y necesita que papá le traiga las cosas. Así que, una de estas veces, papá le trajo un yogur que a mamá no le gusta y probó sin darse cuenta, por lo que su reacción fue de asco. Para papá fue la gota que colma el vaso y le tiró a mamá el yogur y las demás cosas que había en la bandeja a la cara, y comenzaron sus habituales insultos. Mamá se dio cuenta de lo que se avecinaba y se levantó con dificultad, para irse de la casa; pero papá se lo impidió con su habitual agarrón de pelo. Comenzó la discusión y papá le echó en cara a mamá que estaba todo el día en la cama y que él era su esclavo. Mamá perdió los nervios y decidió hacer nuevo alarde de valentía y le dijo que si estaba así era por su culpa. Entonces vino la lluvia de golpes: en la cara, en la espalda, en la barriga... acompañados de insultos y de frases que aseguraban que él no quería que me pasase nada, pero no se daba cuanta de que mamá estaba luchando por salir de casa, que gritaba y, sobre todo, que también me estaba pegando a mí, a pesar de que mamá intentaba impedirlo. Todo mi mundo se movía como si se fuera a ir a pique. La barriga de mamá sufría espasmos y el miedo se apoderó de mí.

Hoy hemos ido al hospital porque mamá tenía una fuerte hemorragia después de la paliza. Y yo tenía mucho sueño, me sentía muy cansado.

Hoy, después de siete meses, papá no me dejó vivir.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Cuando quieras bajas el telón

Parece que tiene la sonrisa dibujada en la cara. Como el que se pone un jersey o el abrigo al salir de casa. A mí lo que me interesan son sus ojos. Ver si sonríen o no. Puede que por eso haya preferido comer en la terraza, para no tener que quitarse esas gafas de sol. Y a pesar de todo, puedo intuir los ojos tristes tras el cristal. Iguales que la última vez que los vi. Tal vez piense que si se las quita sería como darse por vencida, como si yo hubiese ganado.

¿No le duele la cara de sonreír tanto? Todo el tiempo está gesticulando y moviendo las manos para dar más énfasis a sus historias. Ni si quiera ha reparado en que yo sonrío poco. No le regalo mis risas, sólo se las doy cuando se las merece. No llevo gafas que oculten las ojeras de las noches en las que no he dormido pensando en lo nuestro.

Sigue interpretando su papel sin importarle nada de lo que pase a su alrededor. Coloco mi mano encima de la mesa, mientras pienso en lo mucho que me apetece coger una de sus manos nerviosas que hacen piruetas en el aire para interpretar su absurda conversación. Y entonces lo hago, sin más. Le agarro la mano y le digo: "Yo también te he echado de menos".

lunes, 25 de octubre de 2010

Lo que el tiempo se llevó

Con el paso de los días empezarás a ser esa clase de recuerdos que al pensar en ellos me dibujan en la cara una sonrisa apenas perceptible, en la que se vislumbra mi nostalgia por la felicidad que me regalaste sin pedirla. El tiempo te convertirá en una sombra de lo que fuiste para mí.

Empezará a jugar con mi mente, mezclando la realidad con mi imaginación hasta que no sepa si mis recuerdos lo son realmente. Intentaré volver a sentir las emociones que me provocaron los momentos que viví contigo, pero poco a poco dejaré de hacerlo. Ya no me apetecerá esforzarme por recordar y vivir el pasado porque preferiré el presente y ese futuro incierto y seductor.

Sin darme cuenta mi enemigo me habrá ganado la batalla y sólo espero que el tiempo tenga piedad de mí y te guarde en esa parte de mi mente y mi alma donde quedan esos recuerdos que ni los siglos pueden borrar. Espero que no te borre por completo. Que no desaparezca tu sombra de mi recuerdo.